El valor de una vida | Skuld

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El valor de una vida | Skuld

Mensaje por Dekar el Lun Nov 05, 2018 1:22 pm

Flashback: Año 988 mes IX día 20 - Mediodía - Bosque cercano a Vulsgard

Cuando le dijo a la sirvienta que le siguiera, esta dibujó una sonrisa en su rostro, iluminado como si el mismo Padre Sol hubiese bajado del firmamento para pasar un día solo con ella. - ¿Dónde vamos? - Susurro acercándose lo más que la diferencia entre sus alturas le permitía a su vez que rodeaba con sus brazos el del príncipe de Vansterlandia, como si fueran una pareja de enamorados que paseaban por el castillo. Harald no respondió, no porque tuviese mayores intenciones de mantener secretismo o tratar de darle una sorpresa, no estaba de ánimos ni llegaba a ese punto su interés en el tema. - Me encantan las sorpresas. - Sin embargo la chica pareció tomar su silencio los dioses sabían cómo, pues acabo aferrándose con más fuerza a su brazo, evitando las miradas de quienes les veían pasar y los cuchicheos que eso conllevaría. A Harald nada de eso le importaba y su actitud de autoridad solo alentaba a la joven que entusiasmada le siguió hasta su caballo, donde se acurrucó junto a él durante todo el trayecto.

La cabalgata no duro demasiado una vez cruzaron la ciudad de Vulsgard, el bosque al que iban no estaba lejos de la ciudad. Harald bajó primero y luego le ayudo a que lo hiciera ella, la sirvienta no pudo evitar llevar su mano hasta su barriga, acariciándola con cuidado tras aquel movimiento. - ¿Iremos a ver algún paraje? - Preguntó ansiosa mientras daba alegres vueltas como si todo aquello fuera parte de un sueño del que no quería despertar. - Hay animales salvajes este bosque, aunque imagino que no puedo estar más segura con tamaña escolta. - Harald dejo libre a su caballo, lo había entrenado desde que fuera una cría, por lo que sabía que no se marcharía sin su amo y no se alejaría mayormente del punto donde se separasen. La joven nuevamente parecía alentada por su indiferencia y sonriente volvió a colgarse de su brazo y con ello la pareja comenzó a internarse en el bosque. El príncipe conocía al derecho y al revés las tierras que rodeaban a la capital, era parte de su deber como escudo y heredero del reino conocer los terrenos aledaños a la capital, por ello cuando le dieron las indicaciones sabía cómo llegar al lugar aunque jamás hubiese ido.

- No... - No fue hasta que la cabaña estuvo a la vista que el hechizo se rompió y la muchacha dejo de moverse. - No puedes... no quiero... - Parecía que ella había escuchado sobre aquel lugar y la bruja que en el moraba. La chica por primera vez buscó alejarse y por primera vez el príncipe fue quien le cogió el brazo, esta vez él sonreía. - No pedí tu opinión. - Trató de resistirse pero su intento no inmutó al príncipe en lo más mínimo, quien acabo arrastrando . - ¡detente! ¡AYUDA! ¡SOCORRO! - No fue hasta que ella se abalanzo como intentando morderlo que le cruzo el rostro de un golpe con el dorso de la mano, pudo sentir la tibieza de su sangre entremezclada con las lágrimas, y luego se la echó al hombro mientras lloraba y pataleaba desconsolada.


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Re: El valor de una vida | Skuld

Mensaje por Dekar el Lun Nov 05, 2018 1:22 pm

Skuld escribió:El fuego nunca se apagaba bajo el pesado caldero, siendo el agua caliente una de las herramientas imprescindibles para su trabajo. Desde infusiones hasta aspirar los vapores, desde relajar la musculatura cuando se introducía el agua caliente en pequeños sacos de piel hasta ayudar con las insolaciones. Pero, para poder mantener el agua en el punto óptimo, había que dedicarle atención. Por ello, Skuld entró algunos troncos de la parte trasera de la cabaña, introduciéndolos en las llamas con la soltura de quien lleva haciéndolo toda la vida y por ello no teme quemarse. Atendido esto, la mujer se dirigió hacia las estanterías en las que innumerables recipientes contenían los tallos, hojas, raíces y flores con los que normalmente atendía a sus pacientes.

Se encontraba revisando el interior de los mismos cuando unos gritos le alertaron de la presencia de terceros en las inmediaciones de la propiedad. Cerró la caja de madera que tenía en las manos y tras depositarla en el lugar correspondiente, se acercó hasta una ventana en el momento exacto en que el golpe era asestado en la muchacha.

La curandera se planteó dos escenarios. Uno, que fuese una casualidad y que él pasase de largo. Dos —y la que sospechaba—, que la cabaña fuese su destino. Cuando lo vio a pocos metros, abrió la puerta. Disimuló la sorpresa al ver al príncipe —incluso alguien de tendencia ermitaña como ella conocía el rostro de la familia real—, haciéndose a un lado para dejarle pasar.—Dejad que la vea.—sospechaba qué había llevado al príncipe a adentrarse en su bosque, así que sus manos se dirigieron directamente al vientre de la otra mujer. La otra, en lugar de mostrar la docilidad que esperaba, le escupió. Skuld se limpió la mejilla con el dorso de la mano y éste, a su vez, en un paño que colgaba de su vestido.—Si volvéis a hacer eso, me veré en la obligación de calmaros.—y eso arruinaría toda la diversión.

Una vez le hubo palpado el vientre, asintió. Normalmente, las mujeres acudían a ella por propia voluntad. No obstante, Skuld era lo suficientemente inteligente como para saber que una respuesta afirmativa sería más favorable teniendo en cuenta de quién se trataba.—Puedo hacerlo, pero tenéis que entender que siempre existe un riesgo para ella...Y un precio para vos.—y ella tenía ya uno en mente.


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Re: El valor de una vida | Skuld

Mensaje por Dekar el Lun Nov 05, 2018 1:23 pm

Nuestras decisiones siempre traen consecuencias, algo que Harald sabía bien pero que la muchacha que cargaba lo aprendería de mala manera, y lo que cargaba en el vientre pagaría por ello. No era que Harald la arrastrase hasta la cabaña de la bruja porque había un niño creciendo dentro de ella, no sería el primer bastardo que traía al mundo, aunque si lo habría sido desde que contrajera matrimonio, pero tampoco eso era algo relevante para el príncipe. Todo había iniciado cuando llegando a su hogar tras un viaje de saqueo, su esposa estaba delicada por una enfermedad, por lo que buscó desahogo en la cama de la muchacha. De ahí no habría habido problema, su esposa no objetaría al respecto, incluso ante las circunstancias que habían llegado no lo había hecho. Sin embargo, ante las atenciones de Harald la chica comenzó a tomarse atribuciones, en especial pues parecía creer que la fría relación del príncipe con su esposa era a causa de ella. La chica había visto lo que ella había deseado, creando historias y cuentos donde no los habían. No fue hasta el día anterior, que le habían contado que la sirvienta se había tomado atribuciones por sobre su esposa, humillándola en el proceso, que Castigodedioses decidió tomar cartas en el asunto. Nadie excepto él podía tratar de esa forma a su familia, eran suyos y una afrenta a ellos era una afrenta a su persona. Su esposa seguía siendo la futura reina y no iba a permitir que fuera menospreciada por una criada, la usaría de ejemplo para advertir a futuras sirvientas a que estuvieran claras cuál era su posición y propósito.

La bruja salió de su choza a recibirlos, el paso con la chica todavía a cuestas y la puso en el suelo, aferrando sus manos, para que la examinara. La mujer supo exactamente a lo que había venido, muestra de que ya estaba habituada a esa clase de procedimientos por lo que su informante le había guiado hasta el lugar correcto. Por más que se resistía era inútil, aun en ese estado de furia no era factible que se liberarse de su agarre, ni en un millón de años podría lograrlo, aunque busco por otros medios desahogar su rabia. La advertencia de la bruja logró que la chica se controlara un poco, de seguro era algo momentáneo, sabía que si la dormían perdería cualquier chance, por minúscula que esta fuese, de escapar con su niño todavía en su vientre. La ingenuidad era un rasgo difícil de perder.

La mocosa levanto su mirada entre lágrimas, sus labios dibujaron la palabra "por favor" y el príncipe ya no pudo contener la risa, en parte por ella, pero también por lo que había dicho la bruja. - Si no la matas tú en el proceso, lo haré yo cuando te encargues del niño. Como sea esta idiota no saldrá viva de este bosque. - Y fue ese el momento en que el espíritu de la preñada se derrumbó y acabo siendo un mar de lágrimas. - Piedad, al menos con el niño, ¡es inocente! - Lo que no parecía entender era que el haberla traído hasta ese lugar era la piedad del padre para con su hijo no nato, el no ser asesinado por su propio progenitor era la muestra de piedad máxima a la que estaba dispuesto a llegar en ese caso. De no ser por ese hecho, gustoso habría estrangulado a la muchacha en mitad del patio central para dejar en claro su punto frente a los que gustaban del cotilleo que se había formado en torno a la sirvienta y la princesa. La parte del precio era algo que esperaba, aunque había gente que ofrecía sus servicios para ganarse su favor, la ermitaña no había dado indicios de ser una de esas, además que su clientela no debía de ser muy grande, considerando su peculiar especialidad. - ¿Cuánto? - Bajó su mirada para buscar la de la bruja, el que no gustase de recibir favores no implicaba que no pudiera usar su imponente imagen para intimidar y que la mujer se lo pensase dos veces antes de decir su precio.


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Re: El valor de una vida | Skuld

Mensaje por Dekar el Lun Nov 05, 2018 1:23 pm

Skuld escribió:Skuld había visto a infinidad de mujeres llorar, la mayoría cuando ya era demasiado tarde. Era curiosa la determinación con la que entraban a la cabaña pero, una vez se tomaban la infusión o se sometían a las hábiles manos de la curandera, se ahogaban en sus propias lágrimas pidiéndole que se detuviese. No obstante, una vez iniciado el proceso no había manera de volver atrás, algo que la propia mujer les explicaba con claridad antes de empezar. En aquella situación en particular, no era necesario deshacerse en explicaciones, puesto que la sirvienta no estaba allí por voluntad propia.—No existe tal cosa como la inocencia.—se pronunció con severidad antes de volverse al príncipe y asentir de nuevo.  La mirada de la curandera se fijó en la del príncipe.—Me deberéis un favor.—dijo con sencillez y haciendo caso omiso de la intimidación. Skuld conocía su valía y si el príncipe no quería ser asesino de su propia sangre, cedería.—Llegará un momento en nuestras vidas, príncipe, en que nuestros caminos se volverán a encontrar. Cuando llegue ese momento, vos recordaréis este día y el precio que jurasteis pagar.—en su voz la promesa cobró forma de profecía.—Y a modo más inmediato, uno de vuestros collares.—la suya fue una sonrisa ladina mientras le sostenía la mirada antes de girar sobre sus talones, avanzando hasta su estantería.

Seleccionó un pequeño frasco, oliéndolo para asegurarse su contenido. Menta pulegium. Era un aroma fuerte pero agradable, aunque no lo sería tanto para el niño que crecía en el interior de la mujer. Llenó un pequeño cuenco con agua caliente y donde hubiese echado cuatro gotas, dejó que cayesen diez. El aceite esencial de la menta en contacto con el agua hizo que se percibiese en el ambiente un olor fresco que invitaba a ser inhalado. Agitó el contenido con una cuchara de madera y lo dejó reposar. En otras ocasiones no lo hubiese hecho, pero la actitud de la sirvienta bien lo merecía. Skuld cogió cuatro bayas de belladonna y las machacó en un mortero.—Abridle la boca.—primero volcó el jugo extraído de las bayas, alzándole la barbilla para asegurarse que lo tragaba. Después, le untó las encías con la pasta restante. Aquello le provocaría delirios y alucinaciones en poco tiempo.

Antes de darle el brebaje, sacó una tela blanca de uno de los arcones, extendiéndola a los pies de ambos.—Poneos ahí.—limpiar la sangre del suelo era más difícil.—Puede que lleve unas horas, pero el niño saldrá.—tomó entonces el cuenco y obligó a la sirvienta a bebérselo, cerrándole la boca al momento con fuerza, evitando así que escupiese la infusión.—Venga, tragad. Si no lo hacéis, os abrasará la lengua y el paladar como fuego.—era una mentira sí, pero que cumplía su función. La embarazada tragó y Skuld dio un paso atrás, expectante.


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Re: El valor de una vida | Skuld

Mensaje por Dekar el Lun Nov 05, 2018 1:23 pm

La bruja tenía una postura bastante firme respecto a la inocencia, una que el príncipe compartía, de seguro debido a sus artes la mujer tenía una alta comprensión de lo que albergaban las personas en su interior, en especial de sus secretos y debilidades. Luego de expresar su punto al respecto, sellando con ello el destino de la embarazada, se fijó en él y determino su precio. El príncipe levanto las cejas y mantuvo la mirada, era uno que no le era del todo placentero, y cómo si no fuese suficiente con empeñar su palabra bajo tal incertidumbre, le pedía una de las cadenas de oro que tomara en su último saqueo, el que determinara el destino de la joven y engendrase a su hijo, y cuya muerte ahora pagaría. De tratarse de otra persona pensaría que era un designio de los mismos dioses. El príncipe llevó su mano al cuello, sacando la más pesada de las cadenas y la que mayor valor comercial tenía, podría haber dado la menos llamativa de las que colgaban en su cuello, pero no, decidió darle la más ostentosa. - Acepto. - Cuando la extendió a la mano de la mujer, la apresó, apretando con un poco más de fuerza de la necesaria en señal de advertencia. - Pero ten presente, bruja, que si estimo que el precio que cobras con el favor sobrepasa lo que me resta a mi deuda, me cobrare el vuelto en sangre. - Con un paso acortó la distancia que les separaba. - No creas que cumpliré cualquier capricho o que me prestaré para cualquier acto, así que cuando llegue el momento piensa muy bien tus palabras. - Dicho esto la soltó, dejando la valiosa cadena en su mano, ella fue a la estantería y continuó con el procedimiento.

La ermitaña empezó a preparar mezclas de esencias y aceites, por el aroma que sintió más parecía que la mujer estuviese preparando hierbas para un baño y no una letal infusión. Cuando empezó a moler lo que parecían bayas, le pidió que le abriera la boca, Harald se adelantó a la muchacha, y esta vez dejo de lado sus llantos y tonteras que ya le tenían hastiado, quería acabar con aquel asunto de una buena vez. Cogió con fuerza la cabeza de la sirvienta con una mano y con otra la mandíbula, abriendo su boca de par en par como se le había solicitado. No entendía cómo tratar sus dientes le quitaría al niño de su vientre, pero ella era la experta por lo que solo le quedaba ver y esperar, sin embargo, la chica se veía más tranquila luego de aquel procedimiento. Ayudo a poner la manta según lo solicitado, lo que vino no era algo que esperase. - ¿Horas? - La cosa esa no podía medir más que una patata, ¿Cómo podía demorar tanto deshacerse de una puta papa? Por fin llegó el momento, la mujer le forzó el brebaje en la boca, pero parecía no querer tragárselo pese a las advertencias, como si de repente le hubiese bajado el instinto maternal y antepusiera su salud ante la de la criatura. - Te dicen que tragues. - La mano de Harald fue hacia su garganta, apretándola con fuerza, no estaba seguro si fue la advertencia de la bruja o que no pudo resistir el dolor, pero finalmente acabo tragando la preparación. Harald dirigió la mirada a la mujer. - ¿Y ahora qué? - Preguntó, aunque vaticinaba que tocaría esperar, algo que nunca le había agradado.


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Re: El valor de una vida | Skuld

Mensaje por Dekar el Lun Nov 05, 2018 1:24 pm

Skuld escribió:Los hombres y su imperiosa necesidad de marcar territorio, de una forma u otra. Harald ignoraba que Skuld no era alguien que pidiese favores a la ligera. No se precipitaría, sino que aguardaría el momento oportuno. Después de todo, con peyorativos como aquel no le extrañaba que algún día le tuviese que pedir que le salvase la vida.—No soy una bruja, príncipe. Solo una mujer que sabe de plantas.—le recordó afilando la mirada antes de examinar el collar de cerca. Dejó la joya sobre una mesa de madera, desconfiada por naturaleza, Skuld no iba a revelar el lugar en que guardaba la mayoría de sus tesoros. Tesoros amasados durante décadas, arrebatados al alijo de su madre cuando ésta dejó de respirar. Un escalofrío le recorrió la espalda y por un instante, sintió la presencia de su madre en la cabaña. De espaldas a príncipe y sirvienta, la curandera cerró los ojos e inició una cuenta atrás desde  diez. Cuando los volvió a ir, aquella que le dio la vida había desaparecido.

Cada cuerpo es un mundo. Algunas tardan minutos, otras horas.—le explicó con la paciencia de un mentor. Con manos experimentadas, Skuld le quitó la falda a la sirvienta. Normalmente, trataría con más cariño y delicadeza a pacientes, pero esa mujer la había insultado y algo había hecho contacto en su cabeza.—Ahora...Ahora podéis soltarla.—la belladonna había ejercido su poder, relajando a la sirvienta y dejándola en un estado de duermevela.—Venid, príncipe.—le invitó a situarse a su lado con una sonrisa torcida pintada en el semblante.—Puedo ver en vuestros ojos que queríais castigarla, así que éste es mi regalo para vos. Tened paciencia.—alzó uno de los taburetes y lo llevó hasta donde se encontraba Harald, ofreciéndole así asiento. Ella se situó a su izquierda, con las manos cruzadas sobre el pecho. Durante largos minutos, casi eternos, nada sucedió. La sirvienta permanecía inmóvil tambaleándose de forma casi imperceptible de un lado a otro. Antes de que la impaciencia del príncipe fuese a más, le posó una mano sobre el hombro, inclinándose hacia el oído.—Aquí viene.—tan pronto guardó silencio como la sirvienta se llevó las manos al bajo vientre con una mueca de dolor. Skuld se incorporó, mirándola por encima del hombro.

Primero fueron unas gotas las que salpicaron la tela a sus pies, después, un pequeño riachuelo de sangre recorriéndole el muslo. El bebé, o lo que tras algunos meses sería un bebé, estaba saliendo. La sirvienta profirió un grito, pero algo parecía indicar que se trataba más de horror que de dolor. En efecto, la alta dosis de belladonna administrada estaba provocándole alucinaciones, unas en las que ésta creería ver a un ser deforme y monstruoso abrirse paso entre sus piernas. El flujo de sangre aumentó y la sirvienta se arañó la cara, tratando de cerrarse los ojos. Ésta acabó desplomándose de rodillas en el suelo. Tras convulsiones y esfuerzos por escapar del dolor y de la criatura invisible, la sirvienta se quedó inmóvil.


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Re: El valor de una vida | Skuld

Mensaje por Dekar el Lun Nov 05, 2018 1:24 pm

Al parecer el apelativo que había usado no era del gusto de la "sanadora", no estaba seguro si tomarlo como genuina indignación, o como una forma de ocultar sus verdaderas raíces. Por cómo le habían descrito a la mujer, al momento en que había mencionado que le haría una solicitud, había pensado que le pediría una muestra de sangre o el cadáver de su hijo no nato, o alguna otra cosa semejante para alguna clase de sortilegio. O bien no se había atrevido, o no era de su interés y en verdad tan solo era una mujer docta en el uso de las plantas. Algo le decía que en el futuro averiguaría quien era realmente la ermitaña. Parecía que había alterado más a la mujer de lo que hubiese esperado, era comprensible considerando las penurias y oscuro destino que dicho título conllevaba, supuso que lo mejor era dejar ahí el tema pues parecía que hubiese visto un demonio o algo por el estilo.

Con esa explicación le quedo claro que aquello podía tomar más tiempo de que el príncipe hubiese presupuestado, de alguna forma, antes de ver el interior de la cabaña de la mujer, había pensado que usaría alguna clase de fierro para tironear al nonato y sacarlo del vientre de la sirvienta. Su método podía ser bastante menos drástico y más lento, pero supuso que no podía hacer nada al respecto, ya había desechado la idea de clavar su hacha en el vientre y acabar con ese problema con sus propias manos, así que ahora le tocaba seguir las reglas de la "bruja que no le gustaba ser llamada como tal". Cuando la mujer había entrado en una suerte de trance de sueño, le soltó tal como le dijeron, luego acompaño a la ermitaña a sentarse. - No creo correcto llamarlo regalo cuando, pese a haber pagado, todavía sigo siendo deudor por tal servicio. - Los dones de la diplomacia le eran tan ajenos al príncipe como la manipulación de las hierbas. - Pero razón tienes en que será castigada, y si vuestro servicio incluye esa posibilidad, será recibida de buen grado. - Una muerte mientras dormía o protegía a su crío era demasiada buena para quien había abusado de su confianza y generosidad. Pero tendría que esperar a ver como acababa tras el procedimiento antes de hacerse una idea del castigo más apropiado.

Harald cruzó sus brazos al cabo de un par de minutos, distrajo su mirada examinando el interior de la cabaña, repisas y muebles del alejado lugar. Su mirada parecía ir cada minuto a la muchacha como si aquello fuese a apresurar los resultados, no habían pasado diez minutos y sus dedos tamborileaban sobre su propio brazo en signo de impaciencia, pero aún así no dijo palabra alguna. La bruja le abstrajo de su pensamiento al poner su mano sobre su hombro e indicarle que ya era la hora. - Eso no tardo tanto. - Respondió con notoria conformidad por el eficaz resultado. Generalmente al ver derramarse la sangre de otros el príncipe no podía evitar sonreír, sin embargo, en ese entonces su rostro era pétreo y su mirada estaba fija en el proceso, las circunstancias eran muy diferentes a las de un combate. Por un extraño segundo pensó que, si su madre hubiera sabido mantener la bocaza cerrada, podría haber tenido la oportunidad de crecer para convertirse en un hombre, era un pensamiento más cercano del que hubiese tenido antes con cualquiera de sus otros dos hijos, pero en el fondo sabía que había obrado de forma correcta y aparto aquel pensamiento de su cabeza. Cuando la "por poco preñada" comenzó a gritar y luego comenzó a arañarse a sí misma. - ¿No hay forma que pueda hacer algo para interrumpir el proceso, cierto? - Había estado tentado a ir y volver a sujetarla, pero imagino que si no se lo habían solicitado era porque no era necesario. Mientras la chica gritaba y se desplomaba, Harald se quedó mirando el espectáculo, hasta el momento en que parecía haber quedado petrificada. - ¿Está muerta? - Era un procedimiento bastante extraño, era difícil de creer que todo aquello fuera posible con solo machacar algunas plantas, sin intervención de poderes sobrenaturales, como parecía asegurar la mujer, o intervención de los dioses cuya influencia el príncipe tanto gustaba negar.


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